SANTURCE ES LEY. Y PUNTO.

08.10.2014

Confieso de entrada que no soy neutral. En las calles Cerra (si usted es del barrio usted entiende) se trenzan muchos recuerdos de un Santurce que hoy apenas existe. De un Santurce que viví en ese barrio Gandul que poca gente entiende de veras. Eso no es bueno o malo por sí mismo. El lugar simplemente evidencia el paso del tiempo, acaso con mayor crueldad que otros espacios de San Juan pero todavía se vive y se respira. Y eso vale.

 

Santurce El Ley planta bandera alli donde el ojo raramente se posa (de día y de noche son dos mundos muy distintos). Abre unos ángulos, colorea el entorno y convoca al paseo a pie, aunque sea una vez por año. Incomoda por los problemas de tránsito pero llena de una energía duradera lo que de otro modo parece abocado al abandono. El sitio se ve y huele distinto, cosa que me parece buena como modo de dar cuenta de un junte perecedero y efímero, aunque eso no quiera decir que desaparezca. Porque queda mucho. Con ello se visibiliza un rincón descartado del entorno urbano que de otra manera permanecería invisible. Ahora bien, ¿por qué el cinismo de algunos respecto a los fines y los auspicios?

 

Quien descarta este proyecto por hipsteroso o ingenuo tiene la mirada empañada. No leo por ningún lado que Santurce Es Ley pretenda otra cosa que lo que hace: ser un encuentro de arte urbano con una programación complementaria. Hay que caminar y ver para darse cuenta que alli hay una propuesta interesante y arriesgada que, como tantas otras cosas procura los auspicios comerciales para echar a andar. Eso no es malo. Medalla no copa la identidad del proyecto, del mismo modo como redujeron otras marcas  las Fiestas de la Calle San Sebastián a un mero eslógan de marketing: SanSe. En la Cerra todavía hay mucho para lo incómodo, para el descuadre, para lo que no se domestica (o no se deja domesticar), y eso me parece valioso. Podré preferir a Juan Pablo Díaz en tarima en vez de a una banda de heavy metal pero ambas propuestas tocaron para todos los públicos y, al decir de una sabia mujer que me acompaña, "nadie es hipócrita con sus placeres." A cada cual lo suyo.

 

Tampoco lo idealizo. Falta hacerle justicia a la comunidad dominicana que, en mayoría, hace rato alienta y da vida a un Santurce bien quisqueyano. Esa imagen la echo de menos. Ojalá sean Duarte o Luperón los próximos escogidos como Francisco Oller este año para darles un nuevo peinado con surcos. Moleste a quien moleste. Eso queda pendiente.

 

El proyecto tiene derecho a fracasar en el intento. Yo por mi parte aplaudo que asuman riesgos que incomoden porque nada nuevo saldrá de las mismas salas de arte de esta ciudad. El calor que prende los cuerpos y las cabezas está en la calle. Y hay que seguir conspirando.

 

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